De cobardes está el mundo lleno...
Pero cuando llegué ya era demasiado tarde...
Todas las sillas estaban ya colocadas de esa forma tan curiosa, con las patas hacia arriba, apuntando al sucio techo, fiel testigo de una historia de humo y grasa.
Me tuve que sentar en la barra... odio sentarme en la barra... te obliga a mantener ese molesto contacto con el camarero de turno, esa conversación vacía, esos silencios tan incómodos.
Pedí un café y, sin mas remedio, cruce las palabras de cortesía con el camarero, que por otra parte tampoco estaba para mucha charla; estaba visiblemente cansado el tipo y en sus rápidos movimientos se adivinaba su deseo de salir lo antes posible de allí (quedaban 10 minutos para la hora del cierre)... y bueno, eso dependía de mí.
...No soporto estos lugares vacíos, prefiero confundirme entre el ruido de la gente, y más aun en esta ocasión. No podía seguir atrasando el momento, no serviría de nada... tenia que llamarle y explicárselo, y retrasarlo mas solo empeoraría las cosas.
Saque mi agenda y comencé a buscar mi teléfono móvil, nunca lo encuentras cuando lo necesitas... vaya, mala idea la de colocar la agenda sobre la barra... quedo toda mojada y pegajosa, con ese olor a producto de limpieza que de tan aséptico resulta repulsivo.
...Que bonita letra... tiene una escritura perfecta, tan cuidada... me hizo pensar en que se esmeró especialmente a la hora de escribir su número... el pensamiento duró menos que la sintonia de esa radio que sonaba, como si fuera parte del mobiliario de aquel café.
Marqué... colgué... mejor me tomo el café primero y después le llamo (como si el liquido mencionado tuviera algún extraño poder para infundir valor...)
Primer sorbo... se ve que el camarero no tenia un gran manejo de la cafetera. A pesar del asqueroso sabor necesitaba mi dosis de cafeína... son curiosos los vicios, eres consciente de lo repugnante que te esta resultando el contenido de esa taza y sin embargo solo abandonas cuando los posos del café se presentan “en manada” ante tu pertrecha garganta... ya cuando la taza esta al limite del vacío.
¡Lo olvidaba!, para amortiguar el mal sabor no hay nada mejor que un buen cigarro; además, así contribuiría a engrandecer aun mas ese “collage” formado en el techo... yo también quería hacer mi aporte.
Volví a tomar el teléfono, volví a marcar su numero... comunicando... ¡Ufffffff! , sentí cierto alivio. Se que es una tontería porque, al fin y al cabo, tendría que volver a llamar, pero no pude evitar sentir que había soltado un pesado lastre.
Segundo sorbo de café... definitivamente con el cigarro sabe bastante mejor. Sé que el tabaco me acabara llevando a la tumba pero, siendo sincera, me da igual, gustosamente me llevo al sacrificio...
Llegó el momento de intentarlo una vez mas, el camarero no paraba de mirarme... creo que intentaba practicar alguna extraña técnica telepática para trasmitirme el mensaje : “Levántate, paga y déjame cerrar de una jodida vez”. El tipo no era precisamente el rey del disimulo (a pesar de que lo intentaba), pero en esos momentos me importaba un carajo el camarero, su visible cansancio y toda su circunstancia... le miré, ceja levantada, cigarro en la boca... un intento de intimidarle y de apartar su desagradable mirada de mi... parece que funcionó. Salió de la barra y se puso a fregar el suelo; curioso verle ahí, bailando con su vieja fregona entre esas sillas que miran al cielo...
Marqué otra vez el dichoso numero... apagué rápidamente la colilla que se estaba consumiendo entre mis dedos y encendí otro pitillo... comunica... insistí cuatro veces mas, y en el quinto intento saltó el contestador. Me pareció algo cobarde aprovechar para dejar un simple mensaje de disculpa...
Volví a mirar al camarero, bailando entre esas sillas absurdas... maldita indecisión, un café y un par de cigarrillos despues lo tenía todo muy claro... no llegué a tiempo...
Termine mi café, ni siquiera hizo falta llamar al “bailarín”, pues corrió a disponerse tras su muralla en cuanto me vió dar el ultimo sorbo al café, con una sonrisa mal disimulada en su cara...
Al salir, miré el reloj, paré un taxi y tire mi vieja agenda en la primera papelera que encontré.

anika dijo
uf que agobio...
24 Mayo 2005 | 09:24 PM