caballo de troya
Mira con descaro, subido al lomo del caballo metálico de la acera de enfrente.
Trota, estático, mientras suena algo que se supone musical, como una radio con pilas medio muertas. Enseña la lengua, insolente, cuando sus padres no miran y sonríe sabiendo que no voy a contestar, que no puedo contestar.
El corcel se detiene bruscamente, una especie de defensa pasiva decorosa y educada para mí, aliada de autómatas y engranajes. Su mamá se gira y cierra el grifo de la venganza mecánica con una simple moneda, ni siquiera es una gran moneda.
Me centro en nuestra charla, procuro prestar atención a mi vaso y los planes que surgen en cada sorbo. Lo vuelve a hacer.
Saca a pasear su lengua pequeña y rosada, pueril y desafiante. Algo automático, instintivo tal vez, hace que la mía se dispare afilada y culpable.
El caballo blanco galopa chirriante con otro niño sobre su grupa. Terminamos lo empezado y deciden que otro vaso nos espera en otro lugar. Les sigo, vencida.
Con la lengua de trapo, el dedo corazón de un crío mirando al cielo, descolocada.

ana dijo
jaja gloriosos párrafos para definir un desencuentro con un gracioso niño mal educado.
creo que cuando se suben a esos tortuosos cacharros se aproximan un poco más al mundo que les espera después. les hace grandes y poderosos. capaces de seleccionar a su víctima de manera aleatoria para reirse de ella.
espera. esto no es mejor que chocarse contra un árbol por gitar desde la ventailla abierta de un coche
besísimo. get drunk in local bars
;-)
1 Septiembre 2006 | 01:02 PM