Ahora que estamos todos

Ceremonia. Julio Matilla
Las ceremonias, de casi cualquier índole, me suscitan pereza.
Me parecen eventos perezosos, que se traducen en un buen número de personas convocadas -con sobras de tiempo-, y mucha fe. Fe en algo, pero fe. Fe en casi cualquier cosa.
Horas y horas siguiendo una serie de pasos. Tan protocolarios, tan siempre los mismos.
Con significados eternos y salvadores. Canciones apianadas, sobrias. Casi enfermizas. O largas sesiones de danse macabre bajo una luna media, llena y o u nueva.
Soy más de los ritmos ágiles, homenaje a las liturgias [1]. Del plan fácil. Los ritos para el deleite del rito.
El rito instantáneo, lo voy a llamar. Mi primer café de la mañana. El de a oscuras y a tientas. El necesario. Qué placer. Sentarme para acompasar el movimiento circular de la cuchara en la taza con el piow piow desafinado de la paloma más coja.
Toma rito.
Genial ceremonia de apertura, a la jornada.
Creo que es porque por lo general, no confío en todas las listas de normas. Sólo en aquellas, que estan justificadas.
Ah. Sí. Cuidado con las ceremonias naturales.
--
[1] Dicen que: liturgia: del latín al griego, se puede traducir como "trabajo del pueblo", referido a las actividades realizadas en favor del pueblo sin connotación religiosa. En la traducción al Antiguo Testamento los griegos la utilizaron para referirse al servicio sacerdotal.

cretina, side.a dijo
Querida carab:
Cuanto de bueno tiene el rito por aquello de que las costumbres, si son buenas, hay que mantenerlas!
Somos mujeres de detalles, de rituales y de malas costumbres... que le vamos a hacer.
Feliz primer café de la semana.
9 Octubre 2006 | 12:23 AM