Back on track: smile.
Así, sin introducción. Por las buenas.
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Miro por la ventana. O al menos lo intento, que empezó a llover de repente y Madrid no sabe con la lluvia. Qué torpe gran ciudad.
Sabedios qué andaría yo pensando. En qué nube subida, que debí perder la mirada un rato ahí fuera. En un gran atasco, esquina con el siguiente gran atasco.
Gente sube, gente baja. Con medias, sin medias. Chanclas y chaqueta de lana. Lo que tiene el entretiempo.
Subida en un autobús. Una lata de sardinas impulsada por electricidad. O microimpulsada, o no se qué cosa las llaman.
No es dificil, de esta guisa, ir montado casi a la misma altura que la gente que espera fuera, en la parada. La diferencia entre los de dentro y los de fuera: nosotros llevamos una rueda de unas 20" de llanta bajo el culo. Y ellos los pies en la tierra.
Aquel tipo también. Y encontré la mirada que había perdido, y le vi.
Es raro encontrar interacciones faciales entre la gente en esta titánica ciudad. Pero el tipo en cuestión paró mi mirada ahí. Joder, ¿qué mira?.
Me pareció que aquel semaforo en verde, sería rojo hasta que pasara el primetime de la horadesalirdeltrabajo en Madrid.
Pero fue mucho más rápido, y cuando me di cuenta, la cajita de cerillas empezó a moverse, con una fortaleza inaudita. Hacia adelante. Brum.
Y aquel gachó dejó de intentar sólo que le mirara, para sonreirme. Ahá -osado-.
Dejando la bolsa de la mano derecha en la mano izquierda, me dibujó una sonrisa en su propia cara, con su dedo.
No me intimidas, no sabes lo que pienso. Pero hace como que sí.
Y me flipó sentir simpatía con ello. Con sus ridículos vaqueros, y la carcajada tan absurda que me hizo espetar.
Qué gesto más sano. Qué momento. Qué momento. Nunca nadie tiene rato en sus apretados tiempos para mirar, sin más, a los ojos.
Pues así me fui, como si recién lo hubiera solucionado Todo, en cuestión de segundos. Con una sonrisa casi imbécil, de las que no son aposta, en la cara. De las que te hacen sentir absurda en un autobús.
Curioso. Deberíamos pararnos más a menudo a mirar alrededor. Claro, joder. No através del cristal del autobús.

El dibu es de Ana Inca, que seguro nunca imaginó verlo aquí, acompañado de este torpe texto.
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Algo de provecho para los desocupados y aplicados que leyeron hasta aquí: el cerebro es algo flexible y escalable. Sí.
Bueno, ehm..., en realidad el hemisferio derecho, tiende a menguar. Es el que permite reconocer patrones, saber cómo reaccionar ante las mismas cosas. Aprenderlos de nuevo, procesarlos, mejorarlos. Fine tunning.
El hemisferio izquierdo se limita a almacenar recuerdos. De manera aislada. El saco del pasado.
Claro, el desgaste del primero es superior al del segundo. Pero que si dicen que es flexible, es flexible. Que el cerebro escala y crece. Pues crece.

cretina (el lado oscuro) dijo
Desgraciadamente, andamos ya (mal que nos pese) en el inicio del inexorable declive de algunas de nuestras capacidades cognitivas: la memoria ya en su agónica desnutrición. Si, es fuerte, en la veintena y ya crepusculares perdidas.
Anda que no tienes suerte ni nada; Madrid, ciudad de prisas y mala leche y un tipo te dibuja una sonrisa. A mi lo más émpatico que me ha sucedido con un desconocido en el tránsito vial ha sido que me regalen tres mecheros, así de buen rollo, un muchacho que recien había dejado de fumar y estaba sufriendo viéndome casi acudir al método "yesca-rama seca" para encenderme un cigarro en la parada del bus.
(aplauso para mí por hablar del tabaco, todos unidos, apestados de la vida!)
23 Octubre 2006 | 10:53 AM