LCDD, pantalones que rozan y biorritmos
Nos pasamos líneas y líneas, páginas y más páginas hablando de la música. De música buena o mala, de cosas nuevas o clásicos, da igual, el caso es que es un tema recurrente, recurrido y facilón. Conste que lo admito.
Hablamos demasiado de lo que elegimos escuchar y muy poco de lo que nos toca escuchar por el solo hecho de tener dos ovalados trozos de carne coronados en su centro por un orificio que conecta de forma compleja con el cerebro.
Y que quieres que te diga, en comparación, escucho más minutos de rozar de perneras de pantalón que canciones de los Swell Maps.
Los pitidos de las puertas del metro al cerrar, torniquetes de la estación, coches, alguien que pide la vez, "perdón" tras un choque en la vía pública (solo si hay suerte y das con uno de los no alienados entes que habitan nuestras ciudades), conversaciones ajenas sobre las rutinas del hogar o los cuernos que sustenta la mejor amiga de alguien.
El otro día iba yo alelada, como siempre que son tempranas horas de la mañana, recibiendo sonidos que no acostumbro a procesar cuando se produjo un fallo en el sistema y eso de ignorar lo irrelevante, mecanismo de supervivencia primordial del ser humano, dejo de funcionar.
Me encontré, así de repente, con que el traqueteo insolente de una portezuela de mi vagón se había colado en un tema de The Birthday Party y, leñe, que bien le iba.
Fue algo casual. Por lo general los ruidos, sobre todo los ajenos (señoras comentando los platos estrella en su hogar, la inteligencia de su Vane, lo zorra que es la novia de su Johnatan...) y los procedentes de máquinas (tornos, martillos, móviles, videojuegos, el incesante teclear al ordenador...) no hacen más que estorbar, molestar, enturbiar y dificultar el equilibrio mental, equilibrio débil de cojones en algunos de nosotros.
Menos mal que hay remedio para todo mal, hasta para éste que nos ocupa. Existen unos pocos por ahí que nos ayudan a reconciliarnos con los ruidos, con los sonidos producidos por objetos no creados, al menos no desde su principio, para hacer una fiesta en nuestra oreja. Aceptemos el caos auditivo cuando parte de la genialidad y sin necesidad de que tenga ningún sentido.
Y si no sabes de que demonios te estoy hablando:
1. Yo voy alelada por la vida vespertina, pero tu vas alelado todo el día.
2. Es que no tienes ni la más remota idea de quienes son Lo
s Caballos de Düsseldorf (que tocan en Madrid en breve para presentar su LCDD), que son los doo rags (ni Doo Rags, la banda) y por supuesto no has oido hablar de la mitad de la gente grandegrande de la música experimental decente que la Historia ha dado (dicho esto por alguien que no sabe nada del tema pero que al menos tiene curiosidad).

juan pablo dijo
Hola amiga!...que paso con tu otro blog: MALA VIDA...
Este es excelente igual
saludos!!!
16 Marzo 2007 | 04:03