Paciente A. K.
A. K. se parte de risa, no puede evitarlo. Una foto de un caballo, un peine, una bucólica escena campestre, cualquier cosa le parece divertida y desata un torrente de hilaridad, un ataque de risa de esos que te dejan con una sensación de lo más placentera.
Sufría, indeciblemente. Pero ahí estaba, carcajadas por doquier y una sonrisa al final.
No fueron más que unos minutos, unas horas tal vez, los que A. K. fue la mujer más risueña de la Tierra, la más divertida del planeta. Como son las cosas.
Itzhak Fried quería acabar con las penas de A. K., y lo hizo, aunque no de la forma que esperaba. Quería arrancar una parte de ella y al tocarla, zas!, se obró el milagro, aún fugaz y perecedero.

A. K. son dos letras, dos iniciales de una paciente del señor Fried. Accesos epilépticos y ninguna respuesta a tratamientos convencionales y farmacológicos la hicieron candidata para una intervención quirúrgica: la extirpación de la región cerebral que causa los ataques.
Pero antes de extirpar hay que estimular la zona con el fin de saber que funciones podrían ser afectadas.
Por lo que se ve a nuestra A. K. le debió hacer mucha gracia que le hicieran cosquillas en el foco del mal que la aquejaba, y la risa contagiosa lo invadió todo.
Aunque esta es la parte en que esto ya no es divertido; la risa y el pavor disparados por las mismas neuronas.
No sabemos si A. K. se decantó por una o por otro, pero que triste es tener que elegir.


Cretino dijo
jejejejeje, llevo meses pasándome por aquí de vez de cuando y es la primera vez que encuentro un artículo interesante, interesantemente gracioso...
Saludos y enhorabuena por el espacio
14 Junio 2007 | 03:32 PM