Resumiendo...
Los deseos son jodidamente caprichosos; hay que tener cuidado al formularlos. Si quieres algo, debes tener bien claro cómo lo quieres. No vale con lamentarse, poner carita de pena y decir en voz alto lo que deseas, labio tembloroso mediante.
Un día, en mitad de una sala parisina de acústica envidiable, deseas con todas tus fuerzas que su homóloga madrileña no siga siendo La Riviera y ¡bum! La Riviera cierra sus puertas.
¡Que no señores, que no! Que más vale pájaro en mano que ciento volando, aunque los cien suenen como esa cassette chunga regrabada hasta la saciedad, esa que tu y yo sabemos.

rrose dijo
..mmm... entradas para Sigur Ros? sí, una lástima lo de La Riviera, y una verguenza, porque medidas de este tipo solo sirven para lavarse la cara....
24 Noviembre 2008 | 12:11