empezando con mal pie

No te preocupes, estoy acostumbrada, es de nacimiento. Los dedos de mi pie izquierdo se podrían unir con mi culo mediante línea recta imaginaria, formando un irreal ángulo recto con la planta del mismo pie.
Tengo el pie izquierdo del revés.
Como podrás imaginar, no relleno la puntera de ningún calzado; el talón solo llega hasta la mitad de la parte delantera de cada uno de mis zapatos para el pie izquierdo, algo que se soluciona fácilmente con un buen puñado de algodón.
Te preguntarás, ¿y que hace con los dedos, que asoman como un espolón en la parte baja y trasera de su extremidad inferior izquierda? La vida es fácil desde que existen los zuecos y las sandalias.
Ya ves, en lo tocante a la estética me apaño bien. Procuro utilizar pantalones anchos y muy, muy largos, por lo que muy pocos sabrían de mi secreto si me vieran apoyada en la pared esperando el metro o sentada en el bar de abajo tomando un café.
Las dificultades surgen con el movimiento. Teniendo en cuenta que mis rodillas flexionan en la dirección y ángulo correctos, andar, bailar, correr o saltar no deberían convertirse en tareas titánicas para mi, pero resulta que me cuesta horrores avanzar en la vida. Desde que soy consciente de tener un pie ‘estrábico’ tiendo a vacilar, a mover las piernas en direcciones contrarias, a tropezar con todo y con todos.

